antonio jose mellet

EL AÑO JUBILAR DE LA MISERICODIA EN NUESTRA

BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA MACARENA

Queridos hermanos:

     El Domingo de la semana pasada asistíamos a la S. M. y P. Iglesia Catedral para la clausura diocesana del Año Jubilar de la Misericordia, y escuchábamos de nuestro Arzobispo, D. Juan José Asenjo, la valoración tan positiva que del mismo hacía, particularmente porque ha supuesto un derroche de gracia sobrenatural que Dios nuestro Padre ha derramado sobre toda la Iglesia a través de los Sacramentos y de la Palabra de Dios; él mismo nos decía que el Año de la Misericordia “para nuestras comunidades ha sido una profundísima experiencia de gracia. Sólo Dios conoce con precisión los muchos dones de conversión y de vida cristiana que Él nos ha concedido a lo largo de este Jubileo, en el que le hemos pedido perdón por nuestras actitudes de prepotencia y altanería, por nuestras omisiones cainitas, por pasar de largo ante los dolores de los hermanos y por habernos olvidado de caminar por las sendas de la misericordia. Me consta que el experimentar la misericordia de Dios en nuestras vidas ha movido a no pocos a ofrecer el perdón y la misericordia, reconciliándose con familiares y amigos, rehaciendo relaciones rotas, mirándose a los ojos, dándose la mano, y restaurando la paz, la comunión y la concordia”.

     Asimismo, este pasado Domingo, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (último domingo del tiempo litúrgico ordinario) el Papa Francisco clausuraba a nivel universal el Año Jubilar de la Misericordia en la Basílica Vaticana, recordando que “muchos peregrinos han cruzado la Puerta santa y lejos del ruido de las noticias han gustado la gran bondad del Señor. Damos gracias por esto y recordamos que hemos sido investidos de misericordia para revestirnos de sentimientos de misericordia, para ser también instrumentos de misericordia”.

     Finalmente, este Año Jubilar nos ha deparado un postrer regalo: la Carta Apostólica Misericordia et misera, firmada al día siguiente de la clausura del Año Jubilar, en la que el Papa nos conmina a no guardar “sólo para nosotros cuanto hemos recibido; sepamos compartirlo con los hermanos que sufren, para que sean sostenidos por la fuerza de la misericordia del Padre. Que nuestras comunidades se abran hasta llegar a todos los que viven en su territorio, para que llegue a todos, a través del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios. Éste es el tiempo de la misericordia. Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar. Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura. Es el tiempo de la misericordia, para que los débiles e indefensos, los que están lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades. Es el tiempo de la misericordia, para que los pobres sientan la mirada de respeto y atención de aquellos que, venciendo la indiferencia, han descubierto lo que es fundamental en la vida. Es el tiempo de la misericordia, para que cada pecador no deje de pedir perdón y de sentir la mano del Padre que acoge y abraza siempre”.

     Es una bella exhortación la que nos dirige el santo Padre, pues nosotros hemos podido experimentar esa misericordia divina que hemos recibido generosa y gratuitamente y que no debemos guardar para nosotros mismos.

     Ciertamente, la elección de la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena como Templo Jubilar del Año de la Misericordia (que quedó inaugurada por nuestro Arzobispo a tal fin en la solemnidad de la Expectación de la Virgen, el 18 de diciembre de 2015) ha resultado un acontecimiento de gracia para la Hermandad y para los fieles que la frecuentamos cotidianamente, pues todos nos hemos visto contagiados por la alegría y la experiencia de fe de los innumerables cristianos que han peregrinado hasta la misma durante este Año Jubilar, y han podido gustar aquella bondad y misericordia de la que hablan el Papa y nuestro Arzobispo.

     Han sido muchas las comunidades parroquiales, las Hermandades de nuestra Archidiócesis y de otras Diócesis, y los Movimientos eclesiales que han acudido a esta Basílica para obtener la indulgencia plenaria, participando de la celebración Eucarística, celebrando el Sacramento de la Reconciliación y visitando a la Virgen de la Esperanza en su camarín; asimismo, no han sido pocos los peregrinos que también a título particular, y en ocasiones en familia, han acudido a este Templo de la Misericordia para encontrarse con la gracia del Señor. Debemos, por tanto, dar gracias a Dios porque no sólo hemos sido cauce para que su gracia llegue a nuestros hermanos, sino que estos peregrinos se han convertido para los que los acogíamos, en testimonio de fe, de oración y de deseo de una vida nueva; además, la devoción de estos hermanos nuestros a la Virgen nos ha hecho recordar que María es Reina y Madre de misericordia, y que a Ella también podemos acudir en los momentos de dificultad de nuestra vida.

     Bendito sea el Señor por tantos frutos espirituales que hemos recibido este Año Jubilar en la Basílica de la Esperanza, y gracias sean dadas a la Iglesia que nos ofrece los cauces necesarios para obtener el perdón de los pecados y el inicio de una vida nueva en Cristo, que verdaderamente es misericordioso como el Padre.

Antonio José Mellet Márquez

Rector de la Basílica y

Director espiritual de la Hermandad

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